El Servicio Público de Transporte como lo conocíamos, está en extinción

Esta Pandemia provocó la celeridad de todos los procesos evolutivos, exigiendonos al máximo el cambio de rutinas, costumbres y hábitos.

Lo impensable hoy está a la vista, hace más 80 días que el mundo está mostrando su cara natural y la gente se guardó en sus casas, el aislamiento y la distancia entre las personas es la primera herramienta de defensa, no hay tratamiento ni vacunas ante este nuevo enemigo que sumamos, el COVID 19.

La humanidad se pregunta cómo salimos de ésta y cuando lo hacemos, sobre cuando no se sabe, se teme un par de años por lo menos hasta que salga la vacuna y el cómo, se están ensayando distintos formatos de actividades que conserve la distancia entre las personas con rigurosos protocolos de limpieza, esto se dio desde las primeras horas, para aquellas actividades esenciales, formato que perdurará en el tiempo, pero los gobiernos que eligieron las cuarentenas estrictas, hoy saben que tienen que flexibilizar para darle paso a la reactivación económica de determinados sectores de la ciudadanía, es decir una apertura tímida pero con rigurosos protocolos basados en la distancia entre personas, uso de tapaboca y nariz, e indumentarias fáciles de higienizar, pero el gran tema es la movilidad ciudadana, hay que evitar las aglomeraciones y el Transporte Público que, como se lo conoce hasta el día de la fecha provoca aglomeración de gente en las estaciones y paradas, ni hablar de las unidades en horas picos, miles de personas apretadas dentro de las unidades.

Con respecto a este último punto, el Transporte Público tiene resuelto el problema, llámese de corta o de larga distancia, pero ante todo fue muy bueno que las autoridades reconozcan que los ciudadanos usuarios de este servicio, viajaban para el ocote, hacinados en un pequeño habitáculo y a los tumbos entre frenadas y aceleradas, a pesar que son éstos ciudadanos, los que ponen en marcha al país, son los elementos productivos, aleluya, aquí ya tenemos el comienzo del cambio, toda esta población nunca se mereció ser maltratada para ir a sus trabajos.

Hoy las personas que viajan tienen un traslado mucho más digno, van sentadas y eso se llama comodidad, es decir que la vieja y estresante forma de trasladarse quedará en el pasado, el COVID-19 nos está abriendo la cabeza, enseñándonos a poner en valor nuestras vidas, el viajar no debe ser un trastorno y sí que se puede conseguir que este acto sea placentero, más cuando en definitiva el costo lo pagamos con nuestro boleto al abordar este servicio y es derecho del consumidor elegir el producto que le sirve, que le gusta o el que le parece más conveniente, ahora bien, el problema no son de las empresas que ofrecen el servicio, sino de los encargados de los entes estatales y rectores del sistema que impusieron reglas con el pleno desconocimiento de quienes pagan los costos, los usuarios, y de las formas operativas de las empresas, obvio que el resultado es el que vemos, el traslado de rebaño, al mínimo costo y las empresas se mueven con lo que hay, pero vino el COVID-19 y exige que las cosas deben cambiar y por arte de magia pumm, tenemos que alejarnos, estar a distancia entre las personas, comodidades y seguridad, por ello tenemos que apegarnos a la tecnología.

Hoy en el mundo se exige que las unidades del transporte sean limpias y desinfectadas antes que salgan a recoger la gente, bateas para limpiarse las suelas de los zapatos, el chofer protegido con una cabina de algún plástico, el cobro de pasajes con tarjeta en persona o por Internet, es más hasta se está usando la reserva de asientos en diferentes servicios, en terminales, estaciones o paradores también cuentan con protocolos de sanidad y control de pasajeros, se están incluyendo cámaras que detectan el calor corporal y pasando los 37,5 grados de temperatura de la persona, se activa un alarma y ésta será atendida por personal sanitario, el distanciamiento de personas es parte de las reglas estrictas, en la calle, paradas de buses, estaciones etc.

El problema que tienen las autoridades no es el crear protocolos, sino lo más grave, son las malas costumbres de los ciudadanos en empeñarse en romper las reglas, como ejemplo, sabemos que los menores no deben conducir vehículos porque está PROHIBIDO y sin embargo son los propios padres los que le dan las llaves a sus hijos para que salgan a dar una vuelta y sienten orgullo cuando los ven salir, mi hijo ya sabe manejar, pero este burro, perdón, este orgullo se acaba cuando a los minutos alguien lo llama diciéndole que su hijo provocó un accidente, el mundo se les cae sobre los pies y lo primero que atina es en la billetera y chequera por si tiene que coimear a alguien, cuántos son los casos que sucedieron que en vez de coimear tuvieron que comprar un cajón… Así y todo, observamos como la gran cantidad de muertes ocasionadas por la inconsciencia, no logra que la gente cambie y respete su vida y la de los terceros, es de aquí el dilema, será que esta sociedad como la conocemos respetará el protocolo que se le imponga, es lo que genera grandes dudas a las autoridades, nuestra indisciplina bien marcada.

Estas malas formas de proceder, siempre desafiando lo prohibido, y demostración por el desinterés de nuestro prójimos que, en esta ocasión el COVID-19 puede surgir el efecto del miedo, ya que cualquier prójimo te puede contagiar, entonces tengo que cuidar a mi prójimo, es decir, tengo presente a la otra persona porque esta me puede contagiar y yo morirme, lo interesante de estos casos es que estamos aprendiendo a ver la vida de otra manera, cuidar para cuidarnos, también aprendimos lo importante de la higienes personal de nuestros trasto y medio ambiente, dándole valor al agua potable y un baño moderno, antes era una exageración venir de la calle y sacarnos la ropa para lavar hoy es de uso corriente como el tapa boca nariz, y desinfectar todo lo que tocamos y ni hablar de la desconfianza que nos da tocar la plata, dinero físico, estas cosas vinieron para quedarse, como el uso de la tecnología elementos electrónicos e Internet, lo que veíamos como innecesario hoy es imprescindibles, también vino para quedarse las compras vía online, el trabajo a distancia, los controles cruzados que exigen las transparencias de las gestiones.

Este cambio de actitudes de las personas y de formas, nos obligan a una adecuación de las ciudades, la movilidad, el traslado, la conectividad y la calidad de todos los servicios, el mundo cambió, el COVID-19 nos demostró que no hay poder ni riqueza más importante que la inteligencia, el respeto por el otro, nuestro medioambiente y adecuarnos es nuestro deber, trabajar en el bienestar nuestra obligación, en el caso del Transporte Público no está ajeno a todos estos cambios.

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